La Historia del Fox

El Teatro Fox, de renombre mundial como un lugar único para la presentación de conciertos y eventos, comenzó su historia de una manera muy inusual.

En 1928, el Fox fue concebido originalmente como hogar para la organización Shriners de Atlanta. Con la idea de crear una sede acorde al prominente estatus social del grupo, los Shriners se inspiraron en los antiguos templos del Lejano Oriente para construir un edificio estilo mezquita acorde a su talla. Joyas arquitectónicas históricas, como la Alhambra española y el templo egipcio de Karnak, influyeron fuertemente en el detallado diseño e intensa ornamentación del edificio. Con arquitectura de altas cúpulas, minaretes y magníficos arcos, el exterior del edificio era el preámbulo de impresionantes detalles en hoja de oro e interiores con textiles suntuosos y exquisito trompe l’oeil (técnica de pintura con imágenes realistas para crear ilusiones ópticas).

Al final, el diseño fue tan fantástico que se convirtió en una carga financiera excesiva para los Shriners. Poco antes de su finalización, los Shriners arrendaron su hermoso auditorio a William Fox, un magnate del cine que había iniciado su imperio construyendo teatros por todo el país para satisfacer el insaciable amor de los estadounidenses por las novedosas películas que estaban arrasando por toda la nación. A finales de la década de 1920, estos bien llamados “palacios de la cinematografía” eran parte integral de prácticamente todas las comunidades del país, cada uno más ornamentado y exquisito que el anterior. Los constructores como Fox no reparaban en gastos, entendiendo muy bien que estos palacios de la cinematografía eran una puerta a un nuevo mundo, que transportaban a un público deseoso a escenarios exóticos y elegantes que apenas podían imaginar.

Con el apoyo financiero de William Fox (el proyecto costó más de $ 3 millones, equivalentes a casi $ 40 millones de la actualidad), se terminó el Fox, de 250,000 pies cuadrados, coronándolo con la adición de “Mighty Mo”, el órgano de 3,622 tubos que sigue siendo el órgano Moller para teatro más grande del mundo. El Fox abrió sus puertas el día de Navidad de 1929 con un lleno total, estrenando Steamboat Willie, la primera película de dibujos animados de Disney, protagonizada por Mickey Mouse.

Rápidamente se corrió la voz acerca del nuevo y magnífico Teatro Fox. Su sorprendente entrada de alfombra roja y ornamentado trabajo en dorado, y sus techos altos con torretas y vitrales, hacían llevar la mirada a un vasto “cielo” azul cobalto con un mar de estrellas centelleantes, que eran el acento perfecto para las glamorosas e ininterrumpidas producciones. A pesar de su popularidad, la grandeza del Fox no pudo salvarlo de los profundos efectos de la Gran Depresión. En 1932, William Fox y el teatro se vieron obligados a declararse en quiebra, y Fox perdió su palacio de la cinematografía con ese nombre. El Fox fue subastado en las escaleras del tribunal y fue vendido a una empresa privada por unos magros $ 75,000 durante el procedimiento de quiebra de Fox, pero seguía siendo un destino muy amado para los aficionados al cine de Atlanta. En las siguientes tres décadas, el Fox siguió teniendo mucha demanda, exhibiendo cientos de películas aclamadas, ofreciendo representaciones en vivo que incluyeron desde la Metropolitan Opera Company hasta leyendas como Nelson Eddy; además siguió siendo el salón de baile favorito de Atlanta con la moda de las grandes bandas musicales en vivo y la música swing que barría la nación.

Pero el difícil destino del Fox todavía no estaba resuelto. A finales de la década de 1960, los bellos palacios de la cinematografía que eran monumentos locales, como el Fox, fueron cayendo en desuso, reemplazados por salas múltiples para mejorar la eficiencia con exhibiciones en varias pantallas. A medida que los aficionados comenzaron a emigrar a los suburbios, el Teatro Fox cayó en desuso; y en 1974, Mosque Inc. cerró las puertas del Fox, aparentemente para siempre. Este impresionante monumento, amado por generaciones, se enfrentaba de pronto a la demolición. Frente a la posibilidad de perder a su amado teatro, los residentes de Atlanta se pusieron en acción. Crearon una organización sin fines de lucro llamada Atlanta Landmarks y lanzaron la ahora legendaria campaña “Salvemos al Fox”, que recaudó fondos a través de todos los medios posibles: obtuvo donaciones de organizaciones públicas y privadas; organizó conciertos de beneficencia presentando a todo tipo de artistas desde Lynyrd Skynyrd hasta Liberace; además, recolectó monedas de un centavo en los negocios locales, todo para salvar al Fox de lo que parecía una segura desaparición.

Salvar al Fox fue realmente un logro de la comunidad, una jornada de miles y miles de pequeños pasos. De los $ 3 millones de dólares recaudados, ninguna donación fue de más de $ 400,000; la gran mayoría del fondo eran pequeñas donaciones personales de los residentes de Atlanta empeñados en rescatar este impresionante edificio. En 1975, después de meses de laboriosos trabajos de restauración, el Fox abrió sus puertas una vez más, para la alegría y festejo de los clientes y empleados que lo habían salvado cuando estuvo al borde del desastre. Atlanta Landmarks (ahora llamada Fox Theatre, Inc.) continúa administrando el teatro en la actualidad, haciéndolo parte del grupo selecto de teatros sin fines de lucro del país, comprometido con poner las artes escénicas al alcance de todos. Continuando con sus esfuerzos para dar algo más a la comunidad que tanto lo quiere, en 2008, el Fox puso en marcha el Instituto del Teatro Fox (FTI), una organización sin fines de lucro dedicada a la conservación y restauración de teatros históricos. El FTI da apoyo técnico esencial, apoyo histórico y organizativo, e instrucción a teatros de todo el país. Su exitoso programa recientemente dio lugar a Georgia Presenters, un proyecto de consorcio de reservaciones que ayuda a las pequeñas comunidades a unirse para atraer talento y artes escénicas de alto nivel a su área a un precio asequible.

Desde la campaña “Salvemos al Fox”, el teatro se ha convertido en un destino para el público, los historiadores y los turistas por igual, quienes acuden al teatro para ser testigos de su reconocida grandeza. Ahora es principalmente un espacio para una gran variedad de eventos de renombre; el “Fabuloso Fox” —como se le conoce cariñosamente— se ha convertido en una verdadera leyenda por derecho propio, ya que ha ofrecido actuaciones inolvidables para todos, desde Elvis Presley hasta Madonna, y ha sido anfitrión de innumerables musicales de Broadway, incluido el estreno mundial de la gira de El Fantasma de la Ópera. Además, los fastuosos salones de fiestas, salas y terrazas exteriores del teatro, tienen una gran demanda constante para la celebración de bodas y eventos especiales en Atlanta.

Cada año, el galardonado teatro presenta más de 250 espectáculos y medio millón de personas asisten a sus legendarios eventos. En la última década, el Fox ha sido ampliamente reconocido por los representantes más influyentes de la industria por su excelencia en las artes y el entretenimiento, la conservación histórica y la educación artística. Fue nominado Teatro del Año por las revistas Billboard y Pollstar; y fue galardonado como Teatro Histórico Excepcional de 2011 por la Liga de Teatros Históricos de Estados Unidos. El Fabuloso Fox recibió recientemente la distinción de la revista Rolling Stone como uno de “Los Mejores Grandes Espacios de EE. UU”. Durante la última década, el Teatro Fox ha sido clasificado cada año como uno de los tres mejores teatros de América del Norte por su volumen de ventas brutas, lo que nos indica que, esta vez, el Fox llegó para quedarse.

Para los visitantes que quieran conocer la interesante historia del inolvidable Fox, o simplemente ver de cerca el hermoso edificio, el Fox ofrece recorridos por el teatro. Estos recorridos de 60 minutos son guiados por empleados especializados del Fox que disfrutan de la oportunidad de dar detalles íntimos de primera mano acerca de la extraordinaria historia del teatro, y le dan a los visitantes una visión sin precedentes del teatro favorito de Atlanta.